miércoles, 13 de abril de 2011
Palabras, palabras, palabras.
Por mi edad y formación yo soy persona de palabras. Cuando inicié mi carrera en la Universidad lo que verdaderamente contaba era la llamada "clase magistral", en la que un "maestro" experto en la materia, desgranaba sus ideas respecto a un tema particular. La calidad de su dicción, su elocuencia, sus maneras, la profundidad del pensamiento expresado, le calificaban como bueno o malo. Se proyectaban en ciertas carreras algunas filminas, diapositivas, transparencias, con arcaicos aparatos manuales. El resto lo hacían los libros, la lectura, se leía mucho, tanto "libros de texto", manuales, ensayos, como abundante literatura de diversa clase. Todo ello nos preparaba intelectualmente y, supuestamente, también para ejercer la profesión elegida. Hoy las cosas han cambiado muchísimo. En las aulas hay ordenadores y todo se hace a través de los power point, los estudiantes apenas leen libros, manejan Google, y, desde luego, ha desaparecido casi por completo la figura del maestro de verbo fácil y preciso y, a veces, audaz, original, innovador y comprometido. Ya no hay pugnas entre esos ilustres maestros defensores de teorías enfrentadas, ya no hay pasión en los oyentes de unos y de otros, no se llenan las aulas de seguidores y detractores, sino de muchachos que pretenden solamente sacar el curso de la forma más cómoda y rápida. Y aquello que se llamaba "vocación", tendencia irresistible que se despertaba en la adolescencia y que nos conducía a una determinada facultad universitaria y no a otras, es una rareza en vías de extinción. ¿Estamos mejor o peor? Habrá que analizar paso a paso los diferentes factores implicados para poder responder a esa pregunta.
jueves, 10 de marzo de 2011
PARTOS Y EMBARAZOS
Sara me pregunta en su comentario dónde puede encontrar información sobre los embarazos y los partos en época prehispánica. No está, desde luego, en las inscripciones jeroglíficas, ni en las manifestaciones artísticas, aunque de unas y otras se pueden obtener ligeros indicios. Lo mejor es leer con atención a los escritores de la colonia, cronistas y funcionarios de la Corona española, papeles jurídicos, pleitos y demás, y luego extrapolar esa información y contrastarla con los datos arqueológicos. Diego de Landa es la fuente primera, pero hay muchas más. Y no se puede desdeñar el material etnológico; felizmente, la continuidad cultural en el área maya es muy fuerte todavía, a pesar de la presión aculturadora de las últimas décadas. Se deben consultar los estudios de los buenos etnólogos, como Villa Rojas, Redfield y otros más recientes, algunos dedicados en concreto a la mujer y sus circunstancias. Con todo ello construir hipótesis y procurar verificarlas. Y atención, los mayas son parte de Mesoamérica, lo que sabemos de otras regiones también ayuda mucho.
viernes, 4 de marzo de 2011
EJERCIENDO DE PROFETA
Cuando yo empecé a interesarme por los mayas todo hacía presagiar que terminaría como arqueólogo peruanista, pues estaba excavando en Chinchero, en los Andes. Por aquel entonces los mayistas se dedicaban como locos a hacer trabajos sobre patrones de asentamiento y sobre tipología cerámica (el famoso tipo-variedad y sus daños colaterales). A mí me gustaban muy especialmente otras cosas, por ejemplo el arte, la religión, la iconografía, la epigrafía; y mi método era comparativo, me parecía que el comparativismo podía ayudar a interpretar los materiales de las excavaciones y a entender el comportamiento de sus creadores. Algunos años después los estudios iconográficos y epigráficos encabezan la estadística de lo que se hace de más prestigioso en la profesión; pero además, cuál no habrá sido mi sorpresa cuando ha llegado a mis manos un libro publicado por la UNAM, editado y compilado por Aurora Monod y otros autores franceses y mexicanos, en el que se hace una clara reivindicación del método comparativo. Me alegro mucho porque así es posible que se tengan en cuenta mis libros y artículos, en donde he comparado a los mayas con los egipcios o con los khmer, entre otros pueblos de semejante grado de desarrollo cultural. Ignoro si la señora Monod-Becquelin, o Alain Breton, o Mario H. Ruz, los conocen, pero creo que podrían haber hecho alguna referencia a ellos en esa voluminosa publicación. Al fin y al cabo he sido un precursor.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Signos, iconos y misterios
Ayer participé en un programa de televisión en el que se trató el tema de Tiahuanaco. Aparte de lo intrigante que resultan las ruinas de esta ciudad en medio del páramo andino, donde apenas unas briznas del ichu sobresalen de la tierra pelada, se habló mucho de la célebre Puerta del Sol y de sus indescifrados relieves. He ahí un problema como el que a veces nos plantean a los mayistas las escenas de la cerámica pintada o unos estucos como los de El Mirador recientemente descubiertos. Creo que la mejor, y tal vez la única, manera sensata de intentar resolver los problemas de esta clase es aplicando un método comparativo -semejante al que yo he utilizado en mi trilogía "Los umbrales del inframundo"-, así las figuras de la Puerta del Sol se relacionarían teóricamente con los iconos de Chavín, con las esculturas de Pucara, con las cerámicas Huari, con los mantos de Paracas, y, más lejos incluso, con la disposición y el contenido de otros frisos parecidos en Mesoamérica o el Próximo Oriente Antiguo. La inventiva humana no es infinita, y los seres alados que aparecen en Tiahuanaco tienen sus paralelos en otras partes del mundo, al igual que el supuesto Viracocha central con una cabeza aureolada de rayos. Con las comparaciones se llega a construir hipótesis mucho más ajustadas al problema, y muchas veces se alcanzan soluciones que de otra manera jamás hubieran aparecido en la imaginación de los investigadores.
martes, 18 de enero de 2011
Esperanzadores jeroglíficos
Mi amable comentarista Pablo Mumary me reprocha la escasa confianza que tengo en la información proporcionada por las inscripciones jeroglíficas mayas. Probablemente esa perspectiva algo escéptica se deba a dos razones, primero que me interesa mucho la egiptología, y en esa rama del conocimiento los avances fueron meteóricos desde que Champollion encontró la clave del desciframiento, y segundo, que mi impaciencia se aviene mal con la lentitud con la que vamos reconstruyendo, apoyados en la lectura de las inscripciones, la sociedad maya antigua. Un porcentaje muy elevado de los trabajos epigráficos se dirige a interpretar términos y frases que hacen referencia a la mitología o a la religión en general, lo que hace muy difícil la comprensión del texto y suscita numerosas hipótesis distintas, todas posibles. Las inscripciones del Templo XIX de Palenque son un buen ejemplo del laconismo y la relativa oscuridad de las inscripciones. Obviamente, sabemos ahora mucho sobre reyes, sus nombres, fechas y algunas ceremonias en las que participaban. Pero de la sociedad sobre la que gobernaban hay muy poca información en la escritura, y sabemos casi lo mismo que hace veinte años, los jeroglíficos no han aportado grandes cambios. La variedad de temas, y la amplitud de los desarrollos temáticos, que vemos en Egipto, no están presentes en el área maya. Pero eso no es una novedad, pasó lo mismo con el lineal cretense/micénico y con muchas tablillas cuneiformes. La escritura, en las civilizaciones antiguas, no era como actualmente un vehículo libre para expresar cualquier cosa, sino un recurso instrumental minoritario altamente especializado, para el comercio, la religión, o la exaltación de los reyes. Bienvenidos sean los desciframientos mayas y los debates que abren, el momento es excitante, aunque no demasiado prometedor. Pero me gustaría mucho que una larga inscripción nos relatara algún día con detalle un mito, el Popol Vuh, por ejemplo, y no sólo mínimos detalles de un reinado o conceptos religiosos aislados.
martes, 11 de enero de 2011
ICONOLOGÍA y EPIGRAFÍA
Cuando yo empecé a estudiar las culturas precolombinas había dos enfoques que todos seguíamos: o se hacía desde la documentación española de la época colonial, lo que más tarde se llamó en la Universidad de Madrid Etnohistoria, o se hacía desde la arqueología, con método tradicional, muy descriptivista. Mis primeras excavaciones en los Andes expresaron que era la arqueología lo que me interesaba, pero aquellos proyectos trataban de ser interdisciplinarios, y había etnólogos e historiadores en el campo, con los arqueólogos. De la arqueología más descriptiva se pasó a la arqueología más interpretativa -más antropológica, tal vez- y de ahí a la moda rampante de la iconografía. Los últimos trabajos que he dirigido no tienen que ver ya con excavaciones en el campo, sino con interpretaciones de las escenas de los vasos clásicos, de ignorada procedencia en su mayoría, estudio de símbolos, teorías mitológicas, etc. Y eso, creo yo, se debe al enorme prestigio alcanzado entre los estudiantes y entre los estudiosos por la tarea de los epigrafistas; lamentablemente, los logros de la epigrafía maya son todavía muy modestos, aunque en algunas cosas sus descubrimientos hayan sido sensacionales. Se debe tal situación a que los mayas escribían de manera escueta y de pocos asuntos, y muchas inscripciones, lacónicas y oscuras, más parecen fórmulas ocultistas para uso privado que verdaderas manifestaciones de propaganda política con eficacia social. Me gustan los trabajos iconográficos y epigráficos, pero a veces me pregunto si no estaremos suponiendo en exceso, dejando volar la imaginación y construyendo sobre débiles cimientos.
lunes, 22 de noviembre de 2010
PROYECTOS EN AMÉRICA
De tiempo en tiempo me lamento de la escasa presencia de la arqueología española en América. Sigo sin entender el porqué las autoridades competentes (Ministerios de Educación, Ciencia, Cultura y Asuntos Exteriores) prestan tan nula atención a estos asuntos que podrían ser una vía excelente para encauzar una corriente de cooperación con los paises de nuestro ámbito lingüístico y cultural. A nadie parece importarle un pimiento si hay misiones con arqueólogos o antropólogos por esas entrañables tierras que formaron parte de la Historia de España durante trescientos años, y que se supone, a tenor de la retórica oficial, que son área prioritaria para nuestra acción diplomática. Nada, pura palabrería, al menos ésa es mi sensación en lo que yo conozco y escucho. Que yo sepa, en el momento presente sólo hay una Misión arqueológica española de cierta entidad, la que trabaja desde hace años en el sitio de La Blanca, en el Departamento de El Petén, en Guatemala. Y Allí beneméritos investigadores de las Universidades de Valencia se baten contra las muchas dificultades, económicas, burocráticas, medioambientales, logísticas, para obtener nueva información sobre los mayas que poblaban la región a finales del período Clásico (ca. 800-1000 d.C.). Una tarea que merece todo el respeto de los profesionales, y desde luego la colaboración de los responsables de los dos lados del Atlántico. Además, son muchos los datos que van saliendo de las excavaciones de La Blanca y que ya han sido publicados en la serie del Proyecto, y algunos nuevos y muy importantes en lo que atañe a temas como la arquitectura, el urbanismo o los grafitos.
Proyectos de esta calidad deberían estar vigentes en otras zonas de América, en los Andes, por ejemplo, donde los arqueólogos españoles estuvieron presentes entre 1968 y 1980, o en las Antillas, o en Argentina, y ¿por qué no? en Estados Unidos o Canadá. Amplitud de miras, generosidad, visión de futuro, sensatez, todo eso es lo que piden los arqueólogos americanistas españoles a los políticos que deciden sobre tales cuestiones. Mi experiencia de muchos años me indica que ésa es una inversión muy rentable, y que la huella dejada por el trabajo español es visible, perdurable e indeleble.
Proyectos de esta calidad deberían estar vigentes en otras zonas de América, en los Andes, por ejemplo, donde los arqueólogos españoles estuvieron presentes entre 1968 y 1980, o en las Antillas, o en Argentina, y ¿por qué no? en Estados Unidos o Canadá. Amplitud de miras, generosidad, visión de futuro, sensatez, todo eso es lo que piden los arqueólogos americanistas españoles a los políticos que deciden sobre tales cuestiones. Mi experiencia de muchos años me indica que ésa es una inversión muy rentable, y que la huella dejada por el trabajo español es visible, perdurable e indeleble.
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