Rara vez me niego a colaborar con un medio en el que vea la posibilidad de una buena divulgación de la arqueología precolombina. Desde hace muchos años estoy comprometido con la idea de que en España se conozcan y se aprecien las civilizaciones americanas prehispánicas en igual medida al menos que lo son las orientales. Por eso publico artículos en las revistas de Historia, en las de viajes y en otras, y participo en programas de televisión como Cuarto Milenio, donde Íker Jiménez hace una extraordinaria labor para difundir los misterios de culturas como la maya, la de Nazca o la incaica. También salen a las ondas mis palabras en diversas emisoras de radio, por ejemplo en el programa de la SER que dirige Nacho Ares.
La América indígena formó parte de la Historia de España durante trescientos años. Es de justicia, y de sentido común, que nos preocupemos por que todos los españoles conozcan y se familiaricen con las raíces de esas sociedades nativas. Con mucha más razón cuando son civilizaciones maravillosas cuyas realizaciones resultan fascinantes, desde el punto de vista del arte y desde el punto de vista de la antropología.
lunes, 20 de septiembre de 2010
jueves, 19 de agosto de 2010
¿Qué fue de Oxkintok después de 1991?
Por ese tiempo, a comienzos de la década de los noventa del pasado siglo, terminaron los trabajos de campo del Proyecto Oxkintok que patrocinó el Gobierno de España. Conscientes las autoridades mexicanas de la importancia de este sitio para conocer mejor la arqueología del norte de la península de Yucatán, encargaron entonces a Ricardo Velázquez, que había trabajado con la Misión española, la continuación de las excavaciones y restauraciones, En efecto, durante varios años un equipo exclusivamente mexicano, en el que había ocasionalmente algún español conocedor del yacimiento, hizo significativos progresos en el descubrimiento de nuevas áreas de la ciudad y la consolidación de edificios, a la vez que el lugar se hacía más atractivo para los visitantes. Pero, ¡ay!, como sucede tantas veces, no se publicaron esos trabajos, con lo cual los estudiosos no pudieron saber qué era lo que se había encontrado. Ricardo, buen amigo mío, murió, y se llevó consigo muchos de los secretos de Oxkintok. Sería muy conveniente que un nuevo equipo retomara las investigaciones, ordenara y publicara los informes de Ricardo, fotografiara y diera a conocer los objetos y estructuras, y siguiera excavando en esa extraordinaria ciudad. Si los mexicanos no quieren o no pueden hacerlo, podrían sugerirlo a un equipo extranjero de reconocida solvencia.
miércoles, 2 de junio de 2010
El controvertido caso del caimán decapitado
Muchas culturas antiguas poseían mitos de origen que hablaban de la muerte y el descuartizamiento de un monstruo, cuyos restos sirvieron para construir la tierra o el mundo. Sabemos que los mayas pensaban que la tierra era semejante a un cocodrilo -o era realmente un cocodrilo- que descansaba y flotaba en una enorme extensión de agua. Algunas fuentes coloniales, como varios libros de Chilam Balam, cuentan que ese cocodrilo fue muerto por las potencias superiores, aparentemente mediante decapitación. Eric Velásquez, Ana García, Florencia Scandar y Alfonso Lacadena opinan que hay pruebas del período Clásico que apoyan esa versión del mito. Citan el trabajo de David Stuart con las inscripciones del Templo XIX de Palenque, y unos pocos, y escasamente concluyentes, datos iconográficos. Es posible que en Palenque se aceptara la idea de la decapitación del caimán, pero ni en Copán ni en Piedras Negras, ni en otros lugares mencionados por los investigadores, hay imágenes claras que avalen literalmente ese modelo de sacrificio. Mientras no se encuentre algo más, no podemos afirmar que la decapitación del caimán fuera una creencia maya clásica.
Por cierto, los esfuerzos por mostrar la continuidad de las creencias cosmogónicas, y religiosas en general, entre el Clásico y el Postclásico, y la época colonial, vienen a ratificar lo que llevo defendiendo desde hace más de veinte años, y rectifican otras perspectivas, como la del investigador francés Claude François Baudez, contrario a esa continuidad.
Por cierto, los esfuerzos por mostrar la continuidad de las creencias cosmogónicas, y religiosas en general, entre el Clásico y el Postclásico, y la época colonial, vienen a ratificar lo que llevo defendiendo desde hace más de veinte años, y rectifican otras perspectivas, como la del investigador francés Claude François Baudez, contrario a esa continuidad.
martes, 1 de junio de 2010
Catástrofes, conservación y turismo
Llega la temporada de huracanes y tormentas tropicales. En Guatemala, el volcán Pacaya ha entrado en erupción. Estos países centroamericanos, que tienen a su cargo la conservación de un patrimonio cultural maravilloso, extensísimo y envidiable, sufren una y otra vez el zarpazo de una naturaleza desbordada. Yo entiendo muy bien que, dentro del rampante nacionalismo que impera en las esferas políticas americanas, se pongan numerosas trabas a la presencia de equipos internacionales que desean excavar, investigar y, por supuesto, restaurar, los numerosos yacimientos de la cultura maya antigua. Se dice, sin embargo, que los estados no pueden aceptar la responsabilidad del mantenimiento de los sitios restaurados. ¿Por qué no se promueve, entonces, una cooperación arqueológica internacional que contemple, a largo plazo, las ayudas de los países más ricos a la restauración y el mantenimiento de las ciudades de la selva? Que los países o las instituciones europeas y norteamericanas obtengan las necesarias facilidades para trabajar en el campo, en Guatemala, México, Honduras, Belice, pero que, paralelamente, se comprometan a mantener y cuidar los sitios excavados y restaurados durante, por ejemplo, veinte años después de finalizar la investigación. Que los acuerdos sean garantizados por los Gobiernos respectivos, que los países americanos permitan la instalación permanente de equipos de investigadores y restauradores en los lugares excavados.
jueves, 20 de mayo de 2010
CANTEROS Y ALBAÑILES
El trabajo de la piedra en la América precolombina es uno de los temas preferidos de los aficionados a los misterios de la arqueología. Uno no se explica cómo los olmecas de Veracruz y Tabasco pudieron llevar desde la Sierra de los Tuxtlas esos inmensos bloques de piedra con los que luego se labrarían las célebres cabezas colosales, ni es lógico que con herramientas de la Edad de Piedra se pudieran levantar moles formidables como el Templo del Sol de Teotihuacán, la Pirámide de Cholula o el Templo IV de Tikal, o la cada vez más sorprendente Acrópolis de Toniná. Y si nos vamos al Perú podemos volvernos locos elucubrando con los medios que tenían los incas para hacer Sacsayhuamán, en las afueras del Cuzco, con piedras tan gigantescas, o la manera en que lograron alzar terrazas de cultivo en lugares inverosímiles a lo largo y ancho de la cordillera de los Andes. Igualmente, los turistas se quedan perplejos cuando se les muestran los sillares de once ángulos que encajan sin mortero en las antiguas construcciones de la capital del Imperio precolombino más grande, el Tawantinsuyu.
En fin, los canteros indígenas, los picapedreros, los arquitectos y albañiles de aquellas civilizaciones asombrosas poseían secretos extraordinarios sobre su arte, y los arqueólogos nos esforzamos ahora por desentrañarlos, trabajo difícil pero fascinante.
En fin, los canteros indígenas, los picapedreros, los arquitectos y albañiles de aquellas civilizaciones asombrosas poseían secretos extraordinarios sobre su arte, y los arqueólogos nos esforzamos ahora por desentrañarlos, trabajo difícil pero fascinante.
viernes, 16 de abril de 2010
Idiomas, conocimiento y comunicación
Todo el mundo coincide en reconocer que hoy el inglés es el idioma franco que deben usar los políticos, los periodistas y los científicos. Tal vez también los turistas y aquellos que hacen negocios con viajeros y veraneantes. Los arqueólogos sabían el alemán hasta los años setenta del pasado siglo, algunos incluso el francés, que por entonces se enseñaba en los colegios. Ahora se debe publicar en inglés, y si uno se dedica a Mesoamérica mucho más todavía. Los norteamericanos, que dominan el campo de la arqueología mesoamericana, no suelen entender el español, y no leen lo que se publica en esa lengua. ¿Es justa tal situación, sobre todo si se tiene en cuenta que el español es el idioma de los países donde se asentaron las culturas precolombinas objeto de estudio? ¡Que aprendan inglés! dicen los del norte, pero tal propósito loable no es tan fácil, las condiciones educativas y políticas de estos países no permiten en la actualidad hacer de la enseñanza bilingüe una realidad inmediata, tampoco en España, donde el mismísimo presidente del Gobierno no ha logrado, desde que llegó al poder hace años, entenderse en inglés con ningún colega europeo o de otro continente. Dada esta situación, los anglosajones que trabajan en lugares como México o Guatemala deberían tener más en cuenta el trabajo, publicado en español, de los estudiosos locales, y citarlo más a menudo cuando sea relevante. Es indudable que con frecuencia nadie conoce esa arqueología mejor que ellos,
jueves, 18 de marzo de 2010
LOS MAYAS Y LAS CATÁSTROFES
Un amable locutor de Radio Caracol me llama desde Colombia para preguntarme por los estudios que los antiguos mayas pudieron haber realizado sobre catástrofes naturales, muy especialmente terremotos. Seguramente, los movimientos sísmicos recientes en los extremos del continente sudamericano hicieron pensar a más de uno que tales fenómenos serían el preludio de mayores cataclismos. Lo cierto, como ya he indicado en otras ocasiones, es que los mayas no dejaron, que yo sepa, ningún texto en el que se mencionaran catástrofes concretas asociadas al final del gran ciclo de 13 baktunes, en nuestro año cristiano 2012. Los mayas eran excelentes astrónomos, llevaban siglos observando el cielo cuando plantearon su complicado calendario. Pero era una astronomía arcaica, mezcla de hechos científicos y creencias mitológicas, cuyos logros prácticos más notorios fueron la ordenación de las tareas agrícolas y la fijación de las ceremonias religiosas y políticas, además de servir para la planificación de las ciudades y de los edificios. En las Tierras Bajas mayas no se sienten los terremotos, que llegan tan amortiguados como las erupciones de los volcanes de las serranías, pero sí se sufren los huracanes. No obstante, las referencias a tan violentas manifestaciones son casi inexistentes, y lo que hay tiene fecha ya colonial. Quedan muchas inscripciones por descifrar, y, desde luego, muchas por descubrir, pero me parece que no eran esas las principales preocupaciones de los reyes y los sacerdotes clásicos, más interesados por asuntos políticos particulares y por la construcción mitológica de la realidad.
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