¿Qué se dicen los mayas de esta vasija?

¿Qué se dicen los mayas de esta vasija?

martes, 2 de agosto de 2011

Exposiciones veraniegas

El otro día estuve en Valencia y tuve ocasión de ver una preciosa exposición de fotografías procedentes de los fondos de la Hispanic Society de Nueva York. La cantidad, calidad y dimensiones de las fotos expuestas, permitían imaginar de una manera viva y precisa cómo era la España de la época de Sorolla. Aquello equivalía a un buen libro de antropología cultural, al menos a uno de excelente etnografía. Mis más cordiales felicitaciones a los organizadores de tal muestra. Más tarde, de vuelta en Madrid, acudí con enorme curiosidad a la exposición sobre Teotihuacan en el Caixa Forum del Paseo del Prado. Se trata de una de las civilizaciones más importantes de la América antigua, una ciudad-estado de tamaño descomunal y que imprimió su huella a la Mesoamérica de los siglos IV a VI. Pero hay tantos enigmas todavía en relación con Teotihuacan que las exposiciones se quedan cortas y apenas resuelven las cuestiones más significativas: ¿Cómo se gobernaba la enorme metrópolis? ¿Cómo surgió y por qué desapareció tan importante civilización? En Madrid el montaje es relativamente modesto -me dicen que en París fue mucho más espectacular-, pero se pueden contemplar multitud de interesantes y bellas piezas que a muchos harán pensar sobre el desarrollo cultural del México prehispánico, y eso ya es un éxito. Mientras que en la exposición de Valencia el montaje era muy ambicioso, y el catálogo tan pequeño que resultaba irrisorio y hasta ridículo, en Madrid no se emplearon grandes medios para mostrar el esplendor de Teotihuacan pero el catálogo era mejor en concepción y diseño. Continúo, desde luego, criticando el precio desorbitado de estos catálogos, y que se siga utilizando un tipo de papel pesado y con demasiado brillo. Los que se encargan de organizar estas muestras no parecen cuidar un hecho fundamental, que perduren en la memoria a través de la calidad de los catálogos, que deberían ser además de muy fácil adquisición para todos.

lunes, 6 de junio de 2011

¡¡YA SE ACERCA 2012!!

Barrunto que a medida que nos vayamos acercando a la fatídica fecha de diciembre de 2012 se irán incrementando simultáneamente las noticias, comentarios, rumores, explicaciones, fantasías y objetos para el comercio. Después de lo que escribí en mis blog hace algún tiempo no pensaba yo regresar a esta cuestión, a no ser que hubiera un importante motivo para hacerlo. Uno de tales motivos es la aparición del libro de David Stuart The Order of Days. The Maya World and the Truth about 2012. No lo he leído todavía, acabo de recogerlo en el correo, pero ya puedo adelantar que el célebre epigrafista estadounidense combate encarnizadamente la hipótesis de que los mayas profetizaron, o predijeron, o siquiera anunciaron, cualquier clase de cambios significativos coincidiendo con esa fecha. ¿A qué se dedica el libro, entonces, si ese rechazo, dada la ausencia manifiesta de información sobre el pensamiento maya al respecto, puede despacharse en unas pocas líneas? A algo conveniente e ilustrativo. A desgranar las ideas de los antiguos habitantes de las selvas de Centramérica en cuanto al tiempo y al espacio se refiere, al menos las ideas que podemos atisbar en las inscripciones, demasiado concisas y a menudo muy oscuras, por desgracia, y las que ha conservado la tradición oral o recogieron los colonizadores hispanos. Hay capítulos sugestivos, como el 7º, donde se habla del origen y el fin de los mundos creados, tanto en Mesoamérica en conjunto como entre los mayas, y también hay un breve epígrafe dedicado al ahora famoso Monumento 6 de Tortuguero. Es un libro que podríamos llamar de divulgación, pero también una oportuna síntesis sobre algunos de los aspectos más fascinantes de la civilización maya. Por supuesto, si más adelante encuentro motivo de discrepancia con el libro del estudioso de Texas, tengan ustedes por seguro que lo reseñaré en este mismo blog.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Otras arqueólogas que recuerdo

Pocas veces he disfrutando tanto leyendo un libro que no pertenece al campo de la ficción como con el delicioso Ven y díme cómo vives de la inglesa Agatha Christie. Mucha gente cree que esta autora únicamente escribió libros de misterio, novelas policíacas o, con seudónimo, otras de tipo romántico, pero se equivocan, escribió también sobre la vida cotidiana, la suya y la de otras personas, y un ejemplo maravilloso es el Ven y díme cómo vives, donde narra las peripecias de sus excursiones a Oriente acompañando a su esposo, el arqueólogo Max Mallowan. La Christie se inspiró en el ambiente de la arqueología oriental para componer algunas de sus más célebres narraciones, pero sobre todo, y es lo que me interesa destacar aquí, se portó valientemente ante las muchas adversidades que ese ambiente propiciaba. Mujer decidida, dispuesta a todo como su marido con tal de conocer, ver, experimentar, es un último eco de tantas intrépidas inglesas que afrontaron los viajes y las exploraciones en los países considerados peligrosos, o sencillamente incómodos, con una energía y una voluntad muy encomiables. Algunas fueron arqueólogas, y yo recuerdo todavía entre mis lecturas primerizas a Kathleen Kenyon o Marija Gimbutas (una lituana heterodoxa y muy interesante que hizo carrera en los Estados Unidos), arqueólogas con enaguas, en una época en que todavía se regateaban muchas posibilidades de acción a las mujeres por el mero hecho de serlo. Tal vez podían trabajar sin oír comentarios negativos en la muralla de Adriano o en una villa de la Toscana, pero en Siria, en Irak, en las selvas amazónicas o centroamericanas, ahí eran criticadas a menudo como poco femeninas o se exponían permanentemente a la no solicitada "protección" de los varones. Hoy la historia de aquellas pioneras despierta admiración y asombro, pero también, desde el punto de vista científico, el reconocimiento de que las exploradoras y arqueólogas del siglo XIX y las primeras décadas del XX hicieron avanzar sustancialmente nuestro conocimiento de aquellas culturas exóticas y misteriosas.

miércoles, 27 de abril de 2011

Muchas gracias, Pilar

Pilar hace un comentario desde Sevilla. Me gusta mucho ese comentario porque incide en algo que llevo predicando muchos años, de nada sirve el hacer, el saber, el practicar, si no somos capaces de aderezarlo con entusiasmo, con curiosidad infinita y perenne, con pasión. Estoy convencido de que no nacemos para sufrir, nacemos para sacar del mundo y de nosotros lo mejor, lo que nos haga más dichosos, y la profesión, el trabajo de cada día durante muchos días, es la vía principal -y a veces la única- para lograr esas satisfacciones. Compadezco a quien dedica toda su existencia a tareas que le resultan desagradables e incluso aborrecibles; claro que en ocasiones no hay otro remedio, o en otras ocasiones las personas no saben lo que de verdad quieren, no se deciden o son cobardes a la hora de elegir los caminos más arriesgados e impredecibles. Pero cuando se barrunta un amor, próximo o lejano, cuando se sospecha que en tal ocupación o profesión uno estaría bien, uno estaría "realizado", como se decía antes, entonces vale la pena cualquier sacrificio y cualquier peligro para conseguir esa meta. Y no hay prisa, se puede lograr a cualquier edad, en cualquier momento. Lo que importa es que al llegar a la vejez se pueda mirar atrás y sentir complacencia y satisfacción por la vida que se ha vivido. Muchas gracias, Pilar, por su comentario y por sentir así.

miércoles, 13 de abril de 2011

Palabras, palabras, palabras.

Por mi edad y formación yo soy persona de palabras. Cuando inicié mi carrera en la Universidad lo que verdaderamente contaba era la llamada "clase magistral", en la que un "maestro" experto en la materia, desgranaba sus ideas respecto a un tema particular. La calidad de su dicción, su elocuencia, sus maneras, la profundidad del pensamiento expresado, le calificaban como bueno o malo. Se proyectaban en ciertas carreras algunas filminas, diapositivas, transparencias, con arcaicos aparatos manuales. El resto lo hacían los libros, la lectura, se leía mucho, tanto "libros de texto", manuales, ensayos, como abundante literatura de diversa clase. Todo ello nos preparaba intelectualmente y, supuestamente, también para ejercer la profesión elegida. Hoy las cosas han cambiado muchísimo. En las aulas hay ordenadores y todo se hace a través de los power point, los estudiantes apenas leen libros, manejan Google, y, desde luego, ha desaparecido casi por completo la figura del maestro de verbo fácil y preciso y, a veces, audaz, original, innovador y comprometido. Ya no hay pugnas entre esos ilustres maestros defensores de teorías enfrentadas, ya no hay pasión en los oyentes de unos y de otros, no se llenan las aulas de seguidores y detractores, sino de muchachos que pretenden solamente sacar el curso de la forma más cómoda y rápida. Y aquello que se llamaba "vocación", tendencia irresistible que se despertaba en la adolescencia y que nos conducía a una determinada facultad universitaria y no a otras, es una rareza en vías de extinción. ¿Estamos mejor o peor? Habrá que analizar paso a paso los diferentes factores implicados para poder responder a esa pregunta.

jueves, 10 de marzo de 2011

PARTOS Y EMBARAZOS

Sara me pregunta en su comentario dónde puede encontrar información sobre los embarazos y los partos en época prehispánica. No está, desde luego, en las inscripciones jeroglíficas, ni en las manifestaciones artísticas, aunque de unas y otras se pueden obtener ligeros indicios. Lo mejor es leer con atención a los escritores de la colonia, cronistas y funcionarios de la Corona española, papeles jurídicos, pleitos y demás, y luego extrapolar esa información y contrastarla con los datos arqueológicos. Diego de Landa es la fuente primera, pero hay muchas más. Y no se puede desdeñar el material etnológico; felizmente, la continuidad cultural en el área maya es muy fuerte todavía, a pesar de la presión aculturadora de las últimas décadas. Se deben consultar los estudios de los buenos etnólogos, como Villa Rojas, Redfield y otros más recientes, algunos dedicados en concreto a la mujer y sus circunstancias. Con todo ello construir hipótesis y procurar verificarlas. Y atención, los mayas son parte de Mesoamérica, lo que sabemos de otras regiones también ayuda mucho.

viernes, 4 de marzo de 2011

EJERCIENDO DE PROFETA

Cuando yo empecé a interesarme por los mayas todo hacía presagiar que terminaría como arqueólogo peruanista, pues estaba excavando en Chinchero, en los Andes. Por aquel entonces los mayistas se dedicaban como locos a hacer trabajos sobre patrones de asentamiento y sobre tipología cerámica (el famoso tipo-variedad y sus daños colaterales). A mí me gustaban muy especialmente otras cosas, por ejemplo el arte, la religión, la iconografía, la epigrafía; y mi método era comparativo, me parecía que el comparativismo podía ayudar a interpretar los materiales de las excavaciones y a entender el comportamiento de sus creadores. Algunos años después los estudios iconográficos y epigráficos encabezan la estadística de lo que se hace de más prestigioso en la profesión; pero además, cuál no habrá sido mi sorpresa cuando ha llegado a mis manos un libro publicado por la UNAM, editado y compilado por Aurora Monod y otros autores franceses y mexicanos, en el que se hace una clara reivindicación del método comparativo. Me alegro mucho porque así es posible que se tengan en cuenta mis libros y artículos, en donde he comparado a los mayas con los egipcios o con los khmer, entre otros pueblos de semejante grado de desarrollo cultural. Ignoro si la señora Monod-Becquelin, o Alain Breton, o Mario H. Ruz, los conocen, pero creo que podrían haber hecho alguna referencia a ellos en esa voluminosa publicación. Al fin y al cabo he sido un precursor.