¿Qué se dicen los mayas de esta vasija?

¿Qué se dicen los mayas de esta vasija?

sábado, 30 de enero de 2016

OTRA NOVELA

Alianza Editorial anuncia ya la próxima publicación de mi cuarta novela, titulada El lugar de la quietud. Para marzo estará en las librerías. Tal vez sea el texto más polémico que nunca he escrito, pues hago un recorrido por muchas de mis experiencias americanas, como arqueólogo y como viajero, y, claro, a veces esas experiencias no fueron ni positivas ni felices. Aunque ahora, tantos años después, todas me parecen entrañables y dignas de recuerdo y estima en el archivo de la memoria. Quizás arreglo cuentas también con lo que ha sido una parte sustancial de mi vida, la relación con mi centro de trabajo, mi "alma mater", la Universidad Complutense, a la que debo tanto magníficos días como deplorables actos y feísimos momentos. Por supuesto, se trata de una novela, por tanto, un invento, pura ficción, pero si es cierto que ningún escritor puede sustraerse a la proyección de una parte de sus sentimientos, de su alma, en sus creaciones, por muy novelescas que sean, en este caso sucede así de forma deliberada. Espero que nadie se ofenda, ni en España ni en México, porque he imaginado, fantaseado, sobre una realidad modelada en mi mente hace tiempo y que no es sino pretexto para poner por escrito lo que ahora siento, cuando ya estoy jubilado y poco espero de la arqueología ni de la gente. Será bueno el experimento si logro transmitir ese punto de intimidad y realismo.

lunes, 13 de julio de 2015

LIBRO SINGULAR

Mi querida amiga, Virginia Miller, con quien estuve hace poco en Madrid, me manda desde Chicago un libro de Carolyn Tate de título Reconsidering Olmec Visual Culture. La obra, que aún no he visto con detenimiento, aborda la interpretación de algunos de los iconos principales de la cultura olmeca con un talante de exploración inteligente. Es bien difícil, cuando se carece de textos o de manifestaciones escritas de tipo etnohistórico, penetrar los arcanos de muchas de las realizaciones artísticas. Los olmecas arqueológicos son un ejemplo puntero de esta deficiencia, como lo serían, por ejemplo, muchos pueblos africanos sin el testimonio ineludible de los colonizadores europeos y de los antropólogos posteriores. Yo confío en la cautela y la brillantez de Carolyn Tate, famosa sobre todo por su excelente libro sobre Yaxchilán. La conocí en la ya lejana fecha de 1984, en un congreso en México D.F., mientras soportaba la bronca y la destemplanza grosera del pseudoarqueólogo Roberto García Moll (creo que así se llama). De inmediato me solidaricé con ella, porque, además de ser víctima de un zafio ataque injusto, había presentado una magnífica comunicación al congreso. Por tanto, incluso antes de leerlo, estoy seguro de que el libro será importante y que aportará ideas originales para una mejor comprensión de la fascinante cultura olmeca.

martes, 9 de diciembre de 2014

LA RISA DE IXMUKANÉ

En estos días llega a las librerías mi último libro, publicado por la editorial Miraguano y titulado La risa de Ixmukané. Cualquier lector del Popol Vuh, ese maravilloso poema mitológico maya, sabe que Ixmukané es la abuela de los gemelos divinos, el par de dioses que se convertirán en el sol y la luna. Cuando preparé mi versión del Popol Vuh, que sacó al público la editorial Trotta, hubo un episodio que llamó mi atención, cuando la anciana diosa de la tierra, la vieja hechicera, suelta sonoras carcajadas al ver a sus queridos nietos, hermanastros de los anteriores, transformados en monos que dan saltos y gesticulan delante de ella. Supe que ese acontecimiento poseía un profundo valor simbólico y decidí indagar en él con detenimiento. Esa indagación llega ahora a su fin, y el resultado es este libro en el que abordo el fenómeno de la risa en diferentes culturas y momentos cronológicos. Aunque las conclusiones que alcanzo no pueden ser definitivas, sí creo haber desbrozado bastante el camino en la tarea de estudiar los casos de jovialidad muy expresiva y plantear una hipótesis sólida sobre tal manifestación antropológica. Es una modesta aportación, desde el lado de los mayas, a la bibliografía sobre la risa y a los muchos casos artísticos en que la risa muestra su poderosa proyección en el desarrollo del relato o el mito.

martes, 2 de diciembre de 2014

NOTICIAS DE GUATEMALA

El otro día estuvieron en mi casa mis amigos Cristina Vidal y Gaspar Muñoz. Durante un largo y muy agradable rato me enseñaron con un ordenador los últimos descubrimientos que habían hecho en La Blanca y Chilonché, los sitios de El Petén donde llevan trabajando ya bastantes años. En La Blanca llamó mi atención el estupendo friso hallado en un edificio: una representación en piedra y estuco semejante a los mascarones de fachada de otros lugares. Dimos vueltas respecto a la interpretación de varias de las características de esa obra, motivos de dudosa adscripción y difícil comparación. Es curioso, a pesar de que la decoración con máscaras o mascarones es un rasgo muy extendido de la arquitectura maya monumental, sobre todo en el Preclásico y el Clásico Temprano, todavía aparecen relieves que son únicos o casi únicos, según esa inveterada costumbre maya de dotar a las ciudades de una personalidad exclusiva, aun siendo parte de la misma tradición que otras muchas. Ciertamente, aquí hay que tener en cuenta los vericuetos y las variables de esa tradición, las adaptaciones locales o regionales, los distintos cultos y ritos. Para mí tales obras son expresiones de ideas cosmológicas teñidas de matices políticos; o, dicho de otra manera, testimonios del aprovechamiento con fines políticos y dinásticos de la ideología religiosa y la cosmovisión.
En Chilonché hay una escultura monumental casi de bulto en un edificio. Parece un animal mitológico, quizás relacionado con el estrato acuático del mundo. Un trabajo impresionante y muy expresivo.
Felizmente, los españoles siguen, con esfuerzo y penurias, manteniendo un alto nivel de calidad en sus excavaciones en América. Ojalá que dure mucho tiempo.

jueves, 24 de julio de 2014

¿Para qué sirve escribir?

Si hago un recorrido rápido en mi ya no tan lúcida memoria veo que mi vida ha tenido como momentos culminantes aquellos en los que he estado en el campo excavando y los que me sorprendieron en mi mesa de trabajo urdiendo un artículo o un libro. Por supuesto, quedan como relámpagos gloriosos ciertos conciertos de música, una docena de óperas, una veintena de exposiciones de pintura y las pisadas sobre cuatro o cinco ciudades y lugares que han alimentado mi fantasía desde que tengo uso de razón. Y el cine, a menudo, sin embargo, bastante horrendo. Una buena vida, pues, un balance claramente positivo, ya que he excavado mucho y he escrito mucho. Deduzco que escribir es un acto de autoafirmación, de desahogo, de realización personal, de ejercicio intelectual placentero, tanto si escribes de arqueología o matemáticas como si haces estrictamente literatura. Es probable que, después de diez mil años de tales prácticas escriturarias, escribir haya pasado a ser algo semejante a un instinto básico acurrucado en cualquier ignoto gen; no todo el mundo logra despertarlo, o saca de él tanto partido, pero quien lo ejecuta, quien lo pone sobre los días y las noches, es ya un adicto irremediable. No es importante que te lean, aunque eso halaga nuestro ego, cosa siempre apetecible e incluso saludable. Por eso yo animo siempre a mis lectores a que me digan qué les ha parecido mi escritura, por ejemplo, últimamente las tres novelas de Alianza. Sean buenas o malas, las reseñas o críticas son invariablemente piropos a los escritores.

viernes, 28 de marzo de 2014

La magia y los mayas

Si uno lee con detenimiento el Popol Vuh se da cuenta en seguida de que la violencia allí contenida no tiene nada que ver con la guerra, con el belicismo armado, con la organización de ejércitos ni nada parecido. Una civilización tan acostumbrada a guerrear debía haber dejado un libro mitológico donde la guerra, o sus hábitos y ademanes colaterales, estuvieran muy presentes. Sucede así en otros grandes compendios, como el Ramayana o la misma Biblia. No en el caso maya, solamente en el Rabinal Achí, que es un texto periférico y tardío, y tampoco como cuestión medular. Ciertamente, el Popol Vuh es igualmente periférico y tardío, pero su profundidad temporal está bien demostrada mediante los objetos arqueológicos, hasta del Preclásico, que contienen escenas del mito. Lo que el Popol Vuh presenta es una violencia generada y rodeada por la magia. Podría decirse incluso que ese documento cosmogónico es un tratado de magia; en el tiempo del origen, in illo tempore, los héroes no esgrimen las lanzas y no se enfrentan en cruentos combates, sencillamente recurren a la magia. ¿Será que los mayas antiguos eran realmente, antes que un pueblo guerrero, un pueblo con mentalidad mágica, que vivía en un mundo plagado de resortes mágicos?

miércoles, 19 de febrero de 2014

LAS ESCALERAS

Un rasgo muy interesante de la cultura maya, presente en numerosas ciudades del norte y del sur de la península de Yucatán, es el de las escaleras decoradas con textos jeroglíficos. Lo primero que me apetece preguntarme es la razón de la abundancia de escaleras en los centros urbanos: ¿no les resultaba incómodo, incluso impracticable en ocasiones, tanto subir y bajar? Es indudable que los mayas estaban interesados en reproducir en la traza de las ciudades la irregularidad del terreno salvaje; la ciudad era un trasunto del mundo, y de igual manera que contenía reproducciones de las montañas (las pirámides), tenía reproducciones de los mares (algunas plazas o patios), y, por supuesto, de los contornos topográficos. Así se hacía "cultural" la naturaleza y el universo. A los incas les entusiasmaba trabajar los grandes afloramientos rocosos, regularizándolos, geometrizándolos; a los mayas les ocurría igual con los desniveles, les encantaba salvarlos con escaleras. No en vano Ceram dejó hace muchos años un título para la posteridad cuando se refería a Mesoamérica en su famoso libro de divulgación: El libro de las escaleras. Y ahí aparecen las inscripciones, que, indudablemente, se relacionan con la actitud de pasar de un nivel a otro, de ascender (cuando se desciende no se pueden ver, están en el peralte). Obviamente, esas inscripciones, como las restantes, exaltan casi siempre a los gobernantes, pero colocadas de esa manera, en Dos Pilas, en Dzibanché o en Oxkintok (donde yo tuve ocasión de excavar una de ellas), acercan a los que las superan a las alturas de la sacralidad o el poder, presentes invariablemente más allá. Una constante que se puede comparar con otros contextos de la Antigüedad mundial.

jueves, 2 de enero de 2014

LAS COMPARACIONES SON ODIOSAS

Desde mis muchos años en la universidad española creo que he ganado el derecho a comparar la situación actual con la que me encontré a mi llegada. Algo que no se olvida es que antaño el acceso y las posibilidades de una carrera universitaria como profesor e investigador iban ligados a la protección, por llamarlo de alguna manera, de un catedrático con influencia. Era él quien trazaba las líneas de lo que el recién llegado debía o no debía hacer, los puestos que ocuparía y las tareas que se le iban a encomendar. Hoy, ese sistema piramidal se ha transformado en otro claramente horizontal donde se necesitan los votos de numerosos miembros de un departamento. Este de ahora parece más justo, pero es una impresión engañosa, sigue siendo conveniente, si no absolutamente necesario, ser hábil en las relaciones personales, llevarse bien con la gente, adular al que se deje y contemporizar con lo que se ve o se oye. Los méritos son importantes pero casi secundarios, como pasaba antes, existe todavía la endogamia, más fuerte desde que hay autonomías, y las plazas siguen llevando nombre antes incluso de que se convoquen. Es difícil hacer investigación, ahora hay muchas más horas lectivas y más agotadoras, y sin embargo la investigación tiene mucho peso en la valoración de los curricula. No obstante, yo diría que antes había más gandules y zoquetes que alcanzaban el rango de profesor, pero también había más gente brillante que ahora. Cuando yo empecé en la universidad, todo el mundo conocía una docena de nombres famosos en la vida académica, hoy el hombre de la calle no podría mencionar a uno solo, incluso si la pregunta se dirige a alguien culto y lector de periódicos. ¿Hemos avanzado, hemos ganado con los cambios, o hemos perdido? ¿Hay ahora más mediocridad que antes? Otro tema interesante son los estudiantes, y esos sí que son bien diferentes, desde el atuendo hasta la conducta. Pero de eso escribiré en otra ocasión.

martes, 29 de octubre de 2013

EL OCASO DEL REY SERPIENTE

Bien, se me puede acusar de reincidente, aunque espero que esa acusación se resuelva con un "me alegro", o un "a ver si hay una tercera vez". Porque lo que ha sucedido es que he vuelto a publicar una novela en Alianza Editorial, donde apareció hace un año BOLNAK, EL MAYA. Ahora la novela que ha salido en octubre y que ya está en las librerías de toda España, se titula EL OCASO DEL REY SERPIENTE. Es una ficción inspirada en el hundimiento inexplicable de los reinos del sur de la península de Yucatán, con el abandono de las grandes ciudades como Tikal, Palenque, Yaxchilán, y muchas otras. La novela es una segunda parte de la anterior, pues da continuación a las aventuras del joven sacerdote Bolnak, que está llamado a convertirse en el rey de su país, cuya capital es Ukmul. Los que aprobaron y disfrutaron con la primera parte pueden seguir acompañando a los cuatro amigos en esta segunda. La ventaja para los lectores en esta época de crisis es que el precio del libro es de unos 10 euros, nada caro, que es la característica de la colección 13/20 de Alianza. Espero que tenga muchos lectores y que me lleguen comentarios y críticas. Mi propósito es difundir al máximo la antigua civilización maya, y hacerlo ahora desde la literatura, que tan escasa atención ha prestado a esa brillante cultura, equivalente en América a lo que fueron egipcios o griegos en el Viejo Mundo. Gracias a los que lean esa obra y ojalá que lo pasen muy bien haciéndolo.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Novelas sobre mayas y egipcios

Este enlace conduce a un programa de radio, SER HISTORIA, en el que hablaba con Nacho Ares de mi novela BOLNAK EL MAYA http://www.cadenaser.com/widget/audio.html  Aparecía esta obra casi a la vez que Nacho publicaba otra novela sobre el arqueólogo Carter y el descubrimiento de la tumba de Akenatón, un faraón egipcio cuya biografía sigue siendo un misterio. Las semejanzas, los paralelismos entre ambas civilizaciones, maya y egipcia, son muy numerosos, y yo he tratado algunos en la Revista Española de Antropología Americana. No hubo ningún contacto entre ellas, pero estaban, en el desierto y en la selva, sometidas a presiones ambientales parecidas, y eso condicionó una serie de respuestas culturales que hoy llaman la atención cuando se comparan. Yo empecé mi carrera estudiando egiptología, paulatinamente fui interesándome por las sociedades precolombinas, y finalmente encontré en los mayas la más cercana a la del Nilo, y eso, unido a que era una civilización mucho más desconocida y enigmática, acabó inclinándome a su estudio. Hoy, tres décadas después, estoy muy contento de haberlo hecho así. Los mayas me han ofrecido tantos y tantos momentos maravillosos que la deuda que tengo con ellos es enorme. De todos modos sigo guardando por Egipto un interés permanente, y sus gentes antiguas están y estarán en mi cabeza para siempre.

viernes, 21 de junio de 2013

UNA LEVE MIRADA A LOS MITOS

Estamos en una fecha muy importante para los aficionados a la música, el bicentenario de dos genios de la composición, Verdi y Wagner. El primero tomó los argumentos de sus óperas, redactados por especialistas de la época, de la Historia, de Shakespeare, y de la vida cotidiana. El segundo recurrió a los viejos mitos y leyendas del centro y norte de Europa. Interesante propuesta la de Wagner, porque refleja un sentimiento creciente en la Alemania del XIX, la búsqueda y el afianzamiento de unas raíces pangermánicas que sustentaran el proceso de unificación y hegemonía encabezado principalmente por Prusia. Italia, embarcada en un proceso semejante, no parecía necesitar de tales recetas, debido, seguramente, a que era una patria en gran medida invadida y ocupada por potencias extranjeras: aquí el objetivo era la libertad y la independencia, la unidad vendría a continuación. En los estados alemanes los mitos eran fundamentales, y por ello las óperas de Wagner, aparte los grandes valores musicales que atesoraban, tuvieron una resonancia que en otros lugares, Francia por ejemplo, no lograron alcanzar. Lo que me gustaría poner sobre la mesa en vista de esos aniversarios es la idea de la originalidad de los mitos que dieron origen a la tetralogía de El Anillo del Nibelungo; es decir, los personajes que allí aparecen ¿son propiamente germánicos?, o ¿pueden ser asimilados al sentimiento ancestral de la "germanidad"? Mi opinión es que no, que su universalidad es patente, que los dioses constituyen un catálogo de personalidades y funciones muy semejante al de otras partes del mundo, América por ejemplo, y que los héroes cumplen misiones equivalentes a los de otros héroes antiguos y legendarios. Los símbolos, la cosmogonía, existente en el Anillo, son los que podemos vislumbrar incluso en culturas tan alejadas como la maya prehispánica. La conclusión es que, más allá de la universalidad de muchos ciclos mitológicos y complejos simbólicos, esos materiales sirven perfectamente para los fines políticos y de integración social perseguidos en cualquier parte del mundo.

jueves, 16 de mayo de 2013

Arte y arqueología

Estoy deseando encontrar de una vez por todas las razones que tienen algunos arqueólogos para llamar a sus libros "Arte de Tal" o "Arte de Cual". La Historia del Arte utiliza una metodología y una jerga científica bastante alejada de las habituales en la bibliografía arqueológica. Por supuesto que un arqueólogo puede escribir sobre el arte de una civilización del pasado, pero entonces conviene que se coloque en la posición del historiador del arte y que se arme de la estructura conceptual oportuna. Muchos libros de arte precolombino, por ejemplo, sólo son fieles traslaciones de los mismos libros titulados arqueología precolombina. No basta con describir objetos y monumentos, darles fechas y lugares, hay que penetrar en sus cualidades artísticas, mirar como lo haría un crítico de arte, conceder su sitio a la forma, la composición, la línea, el volumen, la perspectiva, los puntos de fuga, la configuración visual, el ritmo y tantas otras cosas, y, por supuesto, usar una hermenéutica particular, buscar significados poco frecuentes en Antropología y normales en Historia del Arte. Curiosamente, creo que es más fácil que un historiador del arte, como Virginia Miller o Tatiana Proskouriakoff, llegue a los arqueólogos, trabaje como los arqueólogos, que a la inversa; conozco muy pocos arqueólogos que hayan logrado llegar a los historiadores del arte, y que hayan escrito manuales que sirvan en los departamentos dedicados al arte de la Antigüedad. En la mayística, si queremos saber arte y arqueología leemos a los Miller (Virginia, Mary Ellen, Artur), a Kubler, a la citada Proskouriakoff, pero si solamente queremos saber arte es inútil leer a Morley, Sharer, Willey, o casi cualquier otro arqueólogo por famoso que sea. Dirán ustedes "zapatero a tus zapatos", es cierto, para eso están las especializaciones, pero me ronda por la cabeza la idea de que los arqueólogos aprendemos más de las viejas civilizaciones si entendemos y aceptamos los criterios, las maneras y las conclusiones de nuestros colegas historiadores del arte, si nos interesamos por sus trabajos y colaboramos con ellos.

jueves, 11 de abril de 2013

¿Cómo debe ser una novela histórica?

Dentro de poco se cumplirá un año desde que apareció mi novela Bolnak, el maya. Es un buen momento para hacer balance. Lo primero que tengo que reconocer es que algunos lectores se han quejado de la cantidad de términos mayas que hay en la obra, unos dicen que hace difícil la lectura, otros que resulta así "demasiado técnica". Nada más lejos de mi ánimo, como digo claramente en la nota preliminar, escribir un libro técnico, sino todo lo contrario, pretendo huir de los tecnicismos y hacer ficción lisa y llanamente. Pero era absolutamente necesario crear un ambiente maya para diferenciar la novela de otras que ocurren en Roma, en Bizancio o en Egipto, y ese ambiente, en cierta medida, se logra con una terminología maya, ceremonias, topónimos y cosas variadas. Es conveniente leer esos nombres como lo que son, un rótulo identificativo, que no es preciso tratar de entender y ni siquiera memorizar. Es cierto que el lector español está poco o nada acostumbrado a la lengua maya, pero sería lo mismo con el sumerio o el persa. Lo que importa, por tanto, es la acción, lo que acontece, y no tanto la denominación de los protagonistas del suceso. Otros lectores, los que gustan de América precolombina, o de América sin más, han encontrado la obra atractiva y, a menudo, una buena vía para empezar a interesarse por los mayas, para despertar la curiosidad, una puerta que facilita la entrada a un mundo muy distinto del de la tradición mediterránea y  absolutamente fascinante. Como las lagunas que existen sobre la historia antigua de los mayas mesoamericanos son muchas y muy vastas, una novela que transcurra en el siglo VIII no puede ajustarse al llamado "rigor histórico", porque entonces habría muy pocas posibilidades de escribir una narración fluida e interesante, y está obligada a reconstruir idealmente situaciones, lugares, hechos y personajes, que resultan, por tanto, consecuencia de la imaginación, de lo que pudo haber sido. Lo importante, a mi modo de ver, es que la obra  guarde una distancia con lo auténticamente fantástico o disparatado, que se mantenga en el ámbito de lo plausible, aunque imaginado o indemostrable. Esa misma norma es la que guía la segunda novela de Bolnak, que espero pueda estar en la imprenta a lo largo de este año 2013.

miércoles, 13 de marzo de 2013

HABLAR Y ESCRIBIR

Empiezo por reconocer que no entiendo nada de deportes, pero me ha llamado la atención que en repetidas ocasiones los periodistas de la radio y televisión hayan mencionado a un equipo de fútbol de la ciudad de Milán como el Milan. Esas modas lingüísticas nunca son censuradas por la Real Academia, que ignoro para qué diantres existe. Al hilo de esa observación recuerdo que muy a menudo se pronuncian los nombres de las ciudades de diversa manera, sin unanimidad y nadie que lo remedie. Así, unos dicen y escriben Lleida, y otros Lérida. Creo que en español lo correcto es emplear la forma "españolizada" de topónimos y antropónimos, y también de teónimos. O sea, debe decirse Londres, y no London, Burdeos, y no Bordeaux,   Turín, y no Torino, Gerona y no Girona, y así todo lo demás. No es un pecado, sino todo lo contrario, buscar formas generalmente aceptadas de transliterar exóticas o difíciles palabras; vean ustedes lo que se hace, por ejemplo, con los nombres polacos, o checos, o rusos, que serían frecuentemente impronunciables por un español, y no digamos los chinos o indios. Finalmente, como es lógico, defiendo que se haga lo mismo con los nombres mayas o procedentes del náhuatl, o de cualquier otro idioma indígena americano; pero, por favor, directamente al español, sin pasar antes por el inglés, que es lo que se hace ahora y por eso nos encontramos con formas y letras inexistentes en nuestra lengua o difíciles de pronunciar.

jueves, 21 de febrero de 2013

CINE Y ARQUEOLOGÍA

En estos días ha tenido lugar en Madrid la entrega de los premios Goya, que, a pesar de su nombre, favorecen a los cineastas (seguramente a un premio de pintura le hubieran llamado Buñuel o Berlanga). Son premios que concede una minoría de gente relacionada con el cine a una minoría de gente relacionada con el cine. La inmensa mayoría de los españoles se desinteresan de esto, no son muy aficionados al cine español. Pero mi país es un país de imitadores, si lo hacen en los Estados Unidos, la meca del cine, por qué no lo vamos a hacer nosotros. Sólo que imitamos mucho peor que los chinos o los japoneses. En fin, debido a esa circunstancia he estado pensando en el mucho cine que ha tratado temas arqueológicos, tanto porque la acción se situara en el pasado más o menos remoto (hay cine de la prehistoria, bíblico, de romanos, de egipcios etc. etc.), o porque tratara de arqueólogos en el ejercicio de su profesión, desde El secreto de los incas hasta Indiana Jones. Yo propondría que se incluyera en los planes de estudio de las universidades una asignatura sobre la arqueología en el cine, solamente comentando críticamente esas películas los alumnos aprenderían sin duda más que a través de meses de áridas disertaciones. En mi caso, yo he llegado a escribir y publicar un artículo sobre el Apocalypto de Gibson, pero no me hubiera importado nada impartir un curso sobre las peripecias de Harrison Ford o sobre aquella inefable Los reyes del sol. Creo que hay que aprovechar la capacidad de penetración del cine para llegar a unos jóvenes cada día más alejados de la cultura y las humanidades. No tengo muchas esperanzas, pero lo digo por si a alguien con poder de decisión se le ocurre hacer algo al respecto.

lunes, 14 de enero de 2013

EL GÉNERO Y LA GENERACIÓN

En el Congreso de Americanistas de Viena presenté dos breves comunicaciones sobre aspectos particulares de la arquitectura y las figurillas mayas. Ahora se va a publicar por la Universidad de Yucatán un libro con las ponencias y comunicaciones del simposio de figurillas, y las organizadoras de aquella sesión me mandan las instrucciones de redacción por si me interesa ver impresas en papel mis ideas sobre ese tema. De inmediato, al leerlas, mi vista se va al apartado en el que se advierte sobre la inconveniencia de incluir términos que puedan suscitar recelos feministas, que parezcan discriminatorios para el género femenino, o que sencillamente evoquen el papel preponderante de los varones en nuestra sociedad (y en las antiguas). Así, no debo poner la palabra "hombres", sino "humanidad" o "seres humanos", y si escribo ciertas ocupaciones o profesiones debo hacer constar la variante femenina, como "obreros y obreras", "campesinos y campesinas", o "profesores y profesoras". Tal vez no ha llegado a mi conocimiento la revisión que a las reglas gramaticales ha debido hacer la Real Academia de la Lengua, porque hasta ahora el plural se formaba con la primera de esas palabras. Como la mencionada Academia en los últimos tiempos prefiere, en lugar de cumplir su lema de limpiar y fijar, admitir sin más cualquier forma coloquial que circule por las calles, por fea, ordinaria, ramplona e innecesaria que sea, es posible que ya haya aceptado también lo de /as (horripilante costumbre), y la necesidad de evitar la políticamente incorrecta "hombres". Yo seguiré escribiendo como creo que se debe escribir el español, sin dejarme llevar por modas, feminismos, vulgarismos, o, lo peor de todo, lo políticamente correcto. No mandaré, por tanto, esos folios a mis amigas del simposio de Viena.

sábado, 15 de diciembre de 2012

EL SOLSTICIO

Bien, estoy de acuerdo, es cierto que la Navidad cristiana tiene sus antecedentes en las celebraciones paganas del solsticio de invierno. No cabe duda de que ese momento crucial en el que los días vuelven a ser más largos supuso en la Antigüedad la reafirmación de las ideas sobre regeneración, renovación, retorno, resurrección y otras de semejante fuerza. El concepto es ciclo, y de eso, de ciclos temporales, sabían mucho los mayas. Por ello me atrevo a suponer que los antiguos mayas celebraban también la Navidad de una manera muy especial; por lo pronto sabemos que existen numerosos edificios orientados a puntos solsticiales, y observatorios astronómicos de semejante planteamiento, y de tal evidencia deducimos la gran importancia que esos días del verano y del invierno tenían en su calendario ritual, en sus ideas religiosas y, en definitiva, en su cosmovisión. ¿Qué fiestas acompañaban el solsticio de invierno? Alguna pista tenemos en cronistas y escritores coloniales, y en la información etnológica, pero es mucho más difícil afirmar algo del período Clásico, por ejemplo; sólo la arquitectura da testimonio irrefutable de la trascendencia del momento. Navidad significa nacimiento, y es eso exactamente, nace un nuevo período, nace un año nuevo, nace un tiempo plenamente nuevo, aunque sea continuación del anterior. Tal cosa se traduce en esperanza, en convencimiento de que a la oscuridad sigue la luz, a la muerte la vida.

viernes, 2 de noviembre de 2012

A VUELTAS CON LOS MUSEOS

No es una pregunta baladí: ¿Para qué sirven los museos? Constituyen un gasto importante para las instituciones responsables, el Estado, la Comunidad, el Ayuntamiento... Sólo se justifica tal gasto, a mi modo de ver, si el museo cumple una serie de requisitos y presenta una amplia lista de resultados. Un museo no es un depósito de objetos, no es un almacén para conservar esos objetos, no es un conjunto de salas donde languidecen amarillentos cartelitos que tratan de explicar, a menudo en lenguaje esotérico, el uso que se daba a ciertos objetos, no es, en fin, un lugar para colocar a amigos o triunfantes opositores. Es principalmente, creo yo, una institución orientada al progreso de las ciencias que secundariamente tiene la obligación de preservar y exponer determinado tipo de patrimonio cultural. Conservación, investigación, difusión, serían los tres pilares de esta empresa. Si alguno falla, la empresa se queda coja y se cae al suelo. Por lo que yo vislumbro en el día a día de mi país, España, esos objetivos se han quedado en la cuneta con bastante frecuencia, suele faltar en general la investigación, y cuando se hace es bastante pobre y poco prestigiosa, la conservación a menudo es precaria por falta de dinero, y la difusión se limita en ocasiones a colegios y otros escenarios más o menos infantiles. En el americanismo, que es mi campo, echo de menos investigaciones punteras, congresos y mesas redondas de alto nivel internacional, expediciones y trabajo de campo, buenas revistas y libros de los llamados de impacto. O sea, que no sé si los museos españoles siven para lo que deben servir. Pronto, quizás, tendremos ocasión de comprobarlo en el renovado Museo Arqueológico Nacional.

domingo, 23 de septiembre de 2012

AUTOSACRIFICIO

Estoy leyendo el que ya me parece excelente libro de Claude François Baudez La douleur rédemptrice, en el que aborda un tema ya muy tratado pero en el que se ha profundizado poco, el del autosacrificio en Mesoamérica y sobre todo en la civilización maya. Pero disiento en un primer asunto que considero crucial: Baudez afirma que el autosacrificio se origina en Mesoamérica por la deuda que los seres humanos contraen con los dioses cuando estos crean el mundo; para pagar esa deuda deben ofrecer su sangre y su dolor. Yo creo, por el contrario, que el autosacrificio se orienta al mantenimiento del universo, en una especie de interacción con los creadores, que se manifiestan en su obra. La sangre es la vida y los hombres "inyectan" esa vida en el mundo y en las fuerzas que lo sostienen y lo perpetúan. No es pago de deuda, es contribución a una tarea que es común a los hombres y a los dioses. El aroma "redentor" de la sangre ofrecida y del dolor simultáneo, que ya se trasluce en el título del libro, no me parece propio de un pensamiento como el mesoamericano, sino de la tradición judeo-cristiana. Los mayas no pagaban por culpa alguna, no tenían cuentas pendientes con los creadores, sencillamente habitaban un nivel ontológico que les obligaba a colaborar en el orden y la continuidad del cosmos, y esa estrecha relación con las fuerzas sobrenaturales, procedente de la empresa común, les otorgaba una sublime dignidad y la justificación de su existencia. 

jueves, 16 de agosto de 2012

Obras poco satisfactorias

Una buena amiga me envía unas fotos en las que se ve muy bien la carretera que el Gobierno mexicano ha trazado por encima del yacimiento arqueológico de Oxkintok. Es una ciudad maya antigua a la que tengo un especial cariño, por eso me duelen cualesquiera atentados contra ella. Ya me habían dicho que la zona arqueológica, al cuidado del INAH, aparecía bastante descuidada y con notable falta de mantenimiento. Yo sugeriría a este organismo gubernamental mexicano que procurara comprometerse en proclamar menos Zonas Arqueológicas, y que aquellas que merecieran tal calificación fueran de verdad cuidadas con todo esmero. Eso no significa que se deban abandonar sitios más o menos conocidos, pero no es lo mismo vigilar los yacimientos para evitar saqueos y vandalismos, tarea prioritaria de todo gobierno respetuoso con el patrimonio cultural de su nación, que atender y conservar los lugares ya excavados en perfectas condiciones y con las consolidaciones y protecciones necesarias.