¿Qué pasó realmente en el 378?Cuando estábamos a punto de entrar en la cámara del Satunsat en la que alguien había sido enterrado, seguramente a finales del Clásico Temprano, y mirábamos por un agujero hecho en el muro que la separaba de los otros cuartos del Laberinto -tal vez porque siempre habíamos querido reproducir el maravilloso momento vivido por Carter-, algo llamó poderosamente mi atención: en el suelo se veían varios recipientes de cerámica de un estilo indudablemente no maya. Dije "esto es teotihuacano", y en efecto, la ceramógrafa Carmen asintió cuando fue llamada a consultas. Eran vasijas teotihuacanas o teotihuacanoides, inconfundibles por las formas, el color y la ornamentación. Cerca del Satunsat estaba la pirámide principal del Grupo May, cuyos cuerpos ya nos habían llamado la atención porque lucían tableros y taludes. Las excavaciones que continuó Ricardo Velázquez en Oxkintok, una vez terminado el trabajo de la Misión Española, encontraron muchos más rasgos del estilo teotihuacano en ese remoto lugar del norte de Yucatán. Digo todo esto porque he vuelto a releer el célebre artículo de David Stuart sobre los "extranjeros", y estoy cada vez más convencido de que lo que se abatió sobre las tierras bajas mayas hacia finales del siglo IV fue una ola gigantesca, militar, política y económica, que modeló los nacientes reinos y dejó un legado cultural, y sobre todo ideológico, que perduró hasta la conquista española. Teotihuacan impuso su poder y gobernó de hecho en gran parte del área maya entre los siglos IV y VI; no fue una ocupación imperial a la manera romana o inca, el paralelo más acertado es probablemente el de los Estados Unidos hoy en ciertos países de Latinoamérica, África o Asia.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
miércoles, 12 de octubre de 2011
Los falsos en Mesoamérica
Ha llegado a mis manos un libro fascinante. Se llama Faking.Ancient Mesoamerica, de Nancy L. Kelker y Karen O. Bruhns. Siempre he deseado que se publiquen libros así, denunciando las muchas piezas arqueológicas falsas que habitan los museos y colecciones privadas, y explicando quiénes, cuándo y cómo, se han llevado a cabo tales falsificaciones. También a mí me han implicado en ocasiones en asuntos de peritaje, valoración y autentificación, de objetos precolombinos; yo suelo huir de tales cometidos, pero a veces, por amistad generalmente, atiendo las peticiones de quien ha recibido de sus padres una cerámica, o ha traído de un viaje a París una escultura, y tienen graves dudas sobre su atenticidad, o quieren venderlas para obtener alguna ganancia. Otras veces es pura curiosidad la que sienten por ciertos objetos que han ocupado un armario en sus casas durante años, y a los que hasta ahora no habían prestado atención. En ocasiones les he remitido al Museo de América, y unas pocas veces he hecho un comentario sobre las dudas que me producía el tal objeto. Hace años incluso la Guardia Civil se dirigió a mí para consultarme sobre un alijo de piezas arqueológicas americanas. Obviamente, un buen peritaje requiere medios, tiempo y análisis que resultan costosos para bastante gente. Lo mejor es recurrir a los organismos más especializados, como los museos. Pero, ¿por qué los mismos museos muestran a veces en sus vitrinas objetos de dudosa procedencia y más dudosa todavía antigüedad? El libro de Nancy y Karen aclara muchas cosas, hasta con fotos en las que se ve a los mejores falsificadores. Por cierto, para ellas, definitivamente, el Códice Grolier es falso. Algunos lo sospechábamos y otros lo afirmaban sin rubor, pero su difusión vino de la mano de Michael Coe, nada menos. Así que puede pasar que los especialistas también nos equivoquemos, o que nos movamos en la duda. Eso es toda ciencia, errores, rectificaciones, comprobaciones, aciertos, y más investigación.
martes, 6 de septiembre de 2011
América y España, un idilio en penumbra
Me dice Pablo Marcos Berastegui que ha visto una excelente exposición sobre los mayas en París, y se pregunta por qué no vienen a España grandes muestras sobre el antiguo México o sobre el antiguo Perú que andan circulando por Europa.La respuesta es sencilla, nuestras autoridades no sienten la necesidad, ni la inquietud, de traer tales exposiciones, tampoco las grandes empresas españolas actúan como verdaderos y generosos mecenas y patrocinadores al respecto. Unos y otros lo hacen modestamente, en ese terreno del salir del paso en el que tan bien nos movemos los hispánicos. Por eso, pienso yo, la palabra vale ha tenido tan gran éxito en el habla coloquial, porque éste es el país del ¡ya vale! Aunque las cosas se dejen a medias, aunque no se alcance la perfección o la excelencia, ¡ya vale! Pues no, en las relaciones culturales con América, con la América que forma parte de nuestra propia historia, el ¡ya vale! no vale; se debe lograr lo mejor, y ese concepto implica grandes exposiciones sobre los mochicas, el hombre de Sipán, Tiahuanaco, los olmecas, Tikal, Palenque, lo que sea, lo que esté en gira de nuestros países hermanos, de su cultura antigua y moderna, y una promoción excepcional, y buena publicidad. Y ya puestos a ello, institutos antropológicos y arqueológicos españoles en Lima, México, Guatemala, Quito, y un buen plantel de especialistas y becarios estudiando culturas del pasado, culturas indígenas, lenguas americanas, y restauradores restaurando el patrimonio arqueológico, y muchas y buenas publicaciones, colecciones de obras de prestigio. Y más departamentos universitarios, y plazas para profesores e investigadores, y organización de congresos internacionales en nuestras universidades y museos. Y un Museo de América que sea referencia mundial en el americanismo. En fin, es sólo justicia para las culturas y civilizaciones que los españoles descubrieron al mundo, para nuestra historia, insisto; ah, y una buena, muy buena política de acercamiento a los países americanos.
martes, 2 de agosto de 2011
Exposiciones veraniegas
El otro día estuve en Valencia y tuve ocasión de ver una preciosa exposición de fotografías procedentes de los fondos de la Hispanic Society de Nueva York. La cantidad, calidad y dimensiones de las fotos expuestas, permitían imaginar de una manera viva y precisa cómo era la España de la época de Sorolla. Aquello equivalía a un buen libro de antropología cultural, al menos a uno de excelente etnografía. Mis más cordiales felicitaciones a los organizadores de tal muestra. Más tarde, de vuelta en Madrid, acudí con enorme curiosidad a la exposición sobre Teotihuacan en el Caixa Forum del Paseo del Prado. Se trata de una de las civilizaciones más importantes de la América antigua, una ciudad-estado de tamaño descomunal y que imprimió su huella a la Mesoamérica de los siglos IV a VI. Pero hay tantos enigmas todavía en relación con Teotihuacan que las exposiciones se quedan cortas y apenas resuelven las cuestiones más significativas: ¿Cómo se gobernaba la enorme metrópolis? ¿Cómo surgió y por qué desapareció tan importante civilización? En Madrid el montaje es relativamente modesto -me dicen que en París fue mucho más espectacular-, pero se pueden contemplar multitud de interesantes y bellas piezas que a muchos harán pensar sobre el desarrollo cultural del México prehispánico, y eso ya es un éxito. Mientras que en la exposición de Valencia el montaje era muy ambicioso, y el catálogo tan pequeño que resultaba irrisorio y hasta ridículo, en Madrid no se emplearon grandes medios para mostrar el esplendor de Teotihuacan pero el catálogo era mejor en concepción y diseño. Continúo, desde luego, criticando el precio desorbitado de estos catálogos, y que se siga utilizando un tipo de papel pesado y con demasiado brillo. Los que se encargan de organizar estas muestras no parecen cuidar un hecho fundamental, que perduren en la memoria a través de la calidad de los catálogos, que deberían ser además de muy fácil adquisición para todos.
lunes, 6 de junio de 2011
¡¡YA SE ACERCA 2012!!
Barrunto que a medida que nos vayamos acercando a la fatídica fecha de diciembre de 2012 se irán incrementando simultáneamente las noticias, comentarios, rumores, explicaciones, fantasías y objetos para el comercio. Después de lo que escribí en mis blog hace algún tiempo no pensaba yo regresar a esta cuestión, a no ser que hubiera un importante motivo para hacerlo. Uno de tales motivos es la aparición del libro de David Stuart The Order of Days. The Maya World and the Truth about 2012. No lo he leído todavía, acabo de recogerlo en el correo, pero ya puedo adelantar que el célebre epigrafista estadounidense combate encarnizadamente la hipótesis de que los mayas profetizaron, o predijeron, o siquiera anunciaron, cualquier clase de cambios significativos coincidiendo con esa fecha. ¿A qué se dedica el libro, entonces, si ese rechazo, dada la ausencia manifiesta de información sobre el pensamiento maya al respecto, puede despacharse en unas pocas líneas? A algo conveniente e ilustrativo. A desgranar las ideas de los antiguos habitantes de las selvas de Centramérica en cuanto al tiempo y al espacio se refiere, al menos las ideas que podemos atisbar en las inscripciones, demasiado concisas y a menudo muy oscuras, por desgracia, y las que ha conservado la tradición oral o recogieron los colonizadores hispanos. Hay capítulos sugestivos, como el 7º, donde se habla del origen y el fin de los mundos creados, tanto en Mesoamérica en conjunto como entre los mayas, y también hay un breve epígrafe dedicado al ahora famoso Monumento 6 de Tortuguero. Es un libro que podríamos llamar de divulgación, pero también una oportuna síntesis sobre algunos de los aspectos más fascinantes de la civilización maya. Por supuesto, si más adelante encuentro motivo de discrepancia con el libro del estudioso de Texas, tengan ustedes por seguro que lo reseñaré en este mismo blog.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Otras arqueólogas que recuerdo
Pocas veces he disfrutando tanto leyendo un libro que no pertenece al campo de la ficción como con el delicioso Ven y díme cómo vives de la inglesa Agatha Christie. Mucha gente cree que esta autora únicamente escribió libros de misterio, novelas policíacas o, con seudónimo, otras de tipo romántico, pero se equivocan, escribió también sobre la vida cotidiana, la suya y la de otras personas, y un ejemplo maravilloso es el Ven y díme cómo vives, donde narra las peripecias de sus excursiones a Oriente acompañando a su esposo, el arqueólogo Max Mallowan. La Christie se inspiró en el ambiente de la arqueología oriental para componer algunas de sus más célebres narraciones, pero sobre todo, y es lo que me interesa destacar aquí, se portó valientemente ante las muchas adversidades que ese ambiente propiciaba. Mujer decidida, dispuesta a todo como su marido con tal de conocer, ver, experimentar, es un último eco de tantas intrépidas inglesas que afrontaron los viajes y las exploraciones en los países considerados peligrosos, o sencillamente incómodos, con una energía y una voluntad muy encomiables. Algunas fueron arqueólogas, y yo recuerdo todavía entre mis lecturas primerizas a Kathleen Kenyon o Marija Gimbutas (una lituana heterodoxa y muy interesante que hizo carrera en los Estados Unidos), arqueólogas con enaguas, en una época en que todavía se regateaban muchas posibilidades de acción a las mujeres por el mero hecho de serlo. Tal vez podían trabajar sin oír comentarios negativos en la muralla de Adriano o en una villa de la Toscana, pero en Siria, en Irak, en las selvas amazónicas o centroamericanas, ahí eran criticadas a menudo como poco femeninas o se exponían permanentemente a la no solicitada "protección" de los varones. Hoy la historia de aquellas pioneras despierta admiración y asombro, pero también, desde el punto de vista científico, el reconocimiento de que las exploradoras y arqueólogas del siglo XIX y las primeras décadas del XX hicieron avanzar sustancialmente nuestro conocimiento de aquellas culturas exóticas y misteriosas.
miércoles, 27 de abril de 2011
Muchas gracias, Pilar
Pilar hace un comentario desde Sevilla. Me gusta mucho ese comentario porque incide en algo que llevo predicando muchos años, de nada sirve el hacer, el saber, el practicar, si no somos capaces de aderezarlo con entusiasmo, con curiosidad infinita y perenne, con pasión. Estoy convencido de que no nacemos para sufrir, nacemos para sacar del mundo y de nosotros lo mejor, lo que nos haga más dichosos, y la profesión, el trabajo de cada día durante muchos días, es la vía principal -y a veces la única- para lograr esas satisfacciones. Compadezco a quien dedica toda su existencia a tareas que le resultan desagradables e incluso aborrecibles; claro que en ocasiones no hay otro remedio, o en otras ocasiones las personas no saben lo que de verdad quieren, no se deciden o son cobardes a la hora de elegir los caminos más arriesgados e impredecibles. Pero cuando se barrunta un amor, próximo o lejano, cuando se sospecha que en tal ocupación o profesión uno estaría bien, uno estaría "realizado", como se decía antes, entonces vale la pena cualquier sacrificio y cualquier peligro para conseguir esa meta. Y no hay prisa, se puede lograr a cualquier edad, en cualquier momento. Lo que importa es que al llegar a la vejez se pueda mirar atrás y sentir complacencia y satisfacción por la vida que se ha vivido. Muchas gracias, Pilar, por su comentario y por sentir así.
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